Centro de Pensamiento de la Facultad de Psicología de la Universidad El Bosque
¿Qué hacemos en el Centro de Pensamiento?
Este proyecto está dedicado a investigar, analizar y proponer soluciones para prevenir y erradicar la violencia desde un enfoque interseccional en Colombia (y potencialmente a nivel internacional). Nuestro trabajo se basa en la experiencia del Programa Por Mí, Por Ti, Por los Dos y la investigación realizada durante las de 10 años el proyecto “Violencias de Género y Salud Pública” de la facultad de psicología para que estas experiencias y aprendizajes sean una puerta para comenzar a trabajar en red dentro y fuera de la universidad en la incidencia de políticas públicas, prácticas sociales y estrategias de intervención para lograr una sociedad donde la normalización de la violencia pueda ser transformada a formas diferentes de relacionarnos reconociendo la Diversidad, la Equidad y la inclusión.
Saberes que transforman para desarmar la violencia
El Think Tank se concibe como un espacio de reflexión crítica, investigación aplicada, diálogo interdisciplinario y divulgación de conocimiento especializado en el ámbito de las violencias desde un enfoque interseccional y de derechos y su impacto en la implementación de políticas públicas existentes.
Nuestro objetivo principal es generar análisis rigurosos, propuestas de intervención innovadoras y recomendaciones de política pública basadas en la evidencia, contribuyendo así a la construcción de una sociedad colombiana libre de violencias.
Diálogo Interdisciplinario
Fomentamos la colaboración entre investigadores, profesionales, activistas y tomadores de decisiones para abordar la complejidad de las violencias.
Participación Comunitaria
Promovemos la participación activa de las comunidades y personas con experiencia vivida en los procesos de investigación y análisis.
Incidencia en Política Pública
Colaboramos activamente con instituciones para promover la adopción de políticas y prácticas efectivas para la erradicación de las violencias.
La violencia en Colombia: un problema normalizado
Las formas de violencias que ocurren en el territorio Nacional se interrelacionan con otras formas de violencias que hacen que sea más difícil abordarlas y comprenderlas.
La normalización, naturalización y justificación de la violencia hacen parte del día a día de muchas personas en el país, afectando la salud individual y colectiva de todos y todas, especialmente la salud mental y la salud sexual y reproductiva.
Su abordaje requiere reconocer las múltiples formas de violencias culturales, simbólicas y estructurales que existen desde un enfoque de determinantes sociales.
¿Qué son las violencias?
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La violencia puede entenderse como cualquier acción, omisión o estructura que causa daño físico, psicológico, emocional, simbólico o social a una persona o grupo, afectando su dignidad, integridad o bienestar. Desde una perspectiva psicosocial, la violencia no se limita a actos individuales, sino que también incluye dinámicas colectivas y contextuales que reproducen desigualdades, exclusión y sufrimiento (Martínez, 2016). Las violencias pueden manifestarse de forma directa (como agresiones físicas o verbales), estructural (mediante sistemas que perpetúan la injusticia social) o simbólica (a través de discursos, normas o prácticas que naturalizan la discriminación y el control). Reconocer la pluralidad de las violencias implica comprender sus raíces en las relaciones de poder y en los contextos históricos, culturales y políticos que las sostienen (OPS, s.f.)
Referencias:
Martínez, A. (2016). La violencia. Conceptualización y elementos para su estudio. Política y Cultura, (46), 7-31. Recuperado de: https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-77422016000200007
Organización Panamericana de la Salud. (s.f.). Prevención de la violencia. Recuperado de: https://www.paho.org/es/temas/prevencion-violencia
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La violencia contra las mujeres y las niñas se define como toda acción u omisión que cause la muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial, así como las amenazas de tales actos, las coacciones, manipulaciones o privaciones de la libertad. Estas violencias generan consecuencias físicas, psicológicas y económicas tanto a corto como a largo plazo, tanto en el ámbito privad como público y se desarrollan a partir de relaciones de poder desiguales y de estructuras socioculturales que perpetúan la sobrevaloración de lo masculino y la subordinación de lo femenino (SIVIGE 2016).
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La violencia contra la infancia y la adolescencia constituye una grave problemática de salud pública y una violación sistemática de los derechos humanos. Esta comprende todas las formas de maltrato o abuso físico, psicológico o sexual, así como el trato negligente, la explotación y cualquier acción u omisión que vulnere los derechos, la integridad y el bienestar de niñas, niños y adolescentes. Estas manifestaciones de violencias generan consecuencias significativas en el desarrollo integral, mediante secuelas físicas, socioemocionales y conductuales (Tello, 2022).
De acuerdo con UNICEF (2024), alrededor de 400 millones de niñas y niños menores de cinco años son víctimas de agresiones psicológicas y/o castigos físicos a nivel mundial. En el caso de Colombia, según el reporte del Observatorio de Bienestar de la niñez, al menos 6.000 niños, niñas y adolescentes fueron víctimas de algún tipo de violencias durante el año 2023, siendo la violencia sexual la de mayor prevalencia.
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Las violencias contra personas LGBTIQ+ comprenden un conjunto de acciones, omisiones y estructuras que vulneran sus derechos, dignidad y bienestar, basadas en prejuicios relacionados con la orientación sexual, identidad y expresión de género. Estas violencias pueden manifestarse de forma física, verbal, psicológica, simbólica, institucional o estructural, y se sustentan en sistemas de exclusión que reproducen la heteronormatividad y la cisnormatividad como modelos únicos de existencia. En contextos como el educativo, laboral o familiar, estas violencias se expresan a través del acoso, la discriminación, la invisibilización, la negación de derechos y la patologización de las identidades diversas. Reconocer y abordar estas violencias implica transformar las prácticas sociales, culturales y políticas que las perpetúan, y promover entornos seguros, inclusivos y respetuosos de la diversidad (Quinche, 2016)
Referencia:
Quinche, M. (2016). Violencias, omisiones y estructuras que enfrentan las personas LGBTI. Estudios Socio-Jurídicos, 18(2), 49-87. Recuperado de: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0124-05792016000200002
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Las violencias contra los hombres son una realidad poco visibilizada, y en muchos casos, los principales agresores son otros hombres. Estas violencias se expresan en dinámicas de poder entre pares masculinos, donde se reproducen patrones de dominación, competencia, humillación y control, muchas veces aprendidos y reforzados por las masculinidades hegemónicas. En este contexto, también se presentan formas de violencia autoinfligida, como la autolesión y el suicidio, que afectan de manera significativa a los hombres, especialmente cuando no cuentan con espacios seguros para expresar sus emociones o cuestionar los mandatos de género que les han sido impuestos. Además, en las relaciones con las mujeres, algunos hombres ejercen violencias justificadas en estereotipos de masculinidad, como el control, la agresión o la desvalorización, perpetuando relaciones desiguales de poder.
Por otro lado, las mujeres también pueden ejercer violencias hacia los hombres, pero estas no responden a patrones sistemáticos, históricos ni estructurales basados en el género. En muchos casos, estas formas de violencia se relacionan con dinámicas afectivas como los celos, el control o el amor romántico, que cuestionan principalmente la masculinidad del hombre, sin que esto implique una opresión estructural. Es importante reconocer que ninguna forma de violencia es justificable, sin importar quién la ejerza o bajo qué circunstancias. Comprender estas dinámicas permite avanzar hacia relaciones más equitativas, donde se promueva el respeto mutuo y se desnaturalicen los modelos de masculinidad que generan daño tanto a los hombres como a quienes los rodean.
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Las violencias en la vejez suelen estar marcadas por el abandono, especialmente hacia los hombres mayores, quienes enfrentan mayores niveles de aislamiento social y afectivo. Esta forma de violencia se relaciona con los mandatos de masculinidad que históricamente han limitado la expresión emocional y la construcción de redes de apoyo, lo que en la vejez se traduce en una mayor vulnerabilidad. Además, muchas de las violencias hacia personas mayores son ejercidas por familiares cercanos, en dinámicas que incluyen negligencia, maltrato físico, psicológico y económico, invisibilizando las necesidades específicas de esta etapa del curso de vida.
En el caso de las mujeres mayores, se suma una forma de violencia que ha sido históricamente silenciada: la violencia sexual. A menudo se parte del prejuicio de que las mujeres adultas mayores no son sujetas de deseo ni de agresión sexual, lo que contribuye a la invisibilización de estas violencias y a la falta de rutas de atención adecuadas. Desde un enfoque de género, es fundamental reconocer cómo las construcciones sociales sobre el envejecimiento y el cuerpo femenino perpetúan la exclusión y el silenciamiento.
Este proyecto busca desarrollar estrategias y habilidades en la población priorizada que permitan construir relaciones afectivas equitativas con el fin de contribuir a prevenir las violencias por razones de género en sus relaciones de pareja y en la comunidad desde un enfoque interseccional, de derechos y de género.
A través del programa “Por mi, por ti, por los dos” buscamos abordar y proveer recursos que faciliten la construcción de empoderamiento, resiliencia, amor propio y sensibilidad ante las múltiples formas de violencias en las que están expuestas las niñas y las mujeres, con el objetivo de contribuir al fortalecimiento individual y colectivo de cualquier persona que participe y contribuir al cumplimiento a las metas propuestas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente en Igualdad de género.